Llegó la hora y Disco Doom se presentaron en la sala Heineken con un repertorio de buenas canciones con las que no consiguieron enganchar del todo con el respetable. Quizá la intensidad buscada en cada tema se convertía en densidad, o quizá los presentes estábamos con ansias de otras cosas. Sus desarrollos guitarreros cercanos al post-rock me atrapaban canción tras canción, pero sin previo aviso, me dejaban escapar fácilmente. En definitiva, sus canciones me gustan, pero o no son las más adecuadas para el directo o hay una falta de conexión de unas con otras que no consiguen construir un único bloque llamado concierto.
Con algo de retraso, consecuencia de unos problemas técnicos, Doug Martsch y compañía dieron el pistoletazo de salida a su actuación con Randy Described Eternity, tema de apertura de su álbum del 97, “Perfect From Now On”, elegido como motivo principal de su minigira española (Barcelona, Madrid y Bilbao). Siguiendo el orden marcado por las pistas del disco, la tercera interpretación fue esa barbaridad de canción que parece tres en una, Stop the Show, con su comienzo melódico que rompe en torno a los 3 minutos para dar paso a un compendio de estilos reivindicando el buen indie rock americano. En mi habitación suena bien, pero en directo con un Doug Martsch completamente entregado es sencillamente memorable.
Con esa inexpresividad tan expresiva, valga la contradicción, que rodea a cada uno de los componentes de Built to Spill, sin ningún tipo de pomposidad, sin apenas relación visible con el público, salvo estrictamente la musical y alguna cuarta, ni siquiera media, sonrisa de Martsch cuando abría los ojos dentro de su posesión y observaba el efecto de sus sonidos en el personal, atacaron uno a uno cada uno de los temas de Perfect From Now On de forma magistral. A veces parece que se echa de menos más interacción con el público y algo más de artificio, cosa a la que tampoco soy muy dado, pero con una banda así no sé requiere nada de este tipo, es más, creo que reduciría encanto. La química la consiguen a base de guitarrazos, de telas de araña musicales que te atrapan, de sentimiento a la hora de cantar, de la aportación de un violonchelo, de la inexpresividad comentada, del aspecto desaliñado, música, simplemente música que hace de medio perfecto para transmitir sensaciones desde el escenario al foso y desde el foso al escenario.
Para poner la guinda al pastel, una relectura personal del Paper Planes de M.I.A. dio comienzo al bis. Continuaron con la conmovedora Car incluida en su disco “There’s Nothing Wrong With Love” y pusieron el broche final con Convencional Wisdom de su último trabajo, extendida hasta casi 15 minutos apoteósicos de una intensidad brutal aderezados por distorsiones y melodías encubiertas acompañados por una iluminación tenue con ráfagas de luz blanca que rozaba la tenebrosidad.
Conclusión: parafraseando a una amiga, éste es uno de esos conciertos de los que hay que ver y punto.


